Hay pocas palabras que generen tanta mezcla de atracción y vértigo al mismo tiempo como invertir. Por un lado todo el mundo ha oído historias de personas que han multiplicado su dinero en los mercados. Por otro lado están las historias de quienes lo perdieron todo, los titulares sobre crisis financieras y la sensación generalizada de que la bolsa es un casino para expertos donde el pequeño inversor siempre pierde.
La realidad está muy lejos de ambos extremos. Invertir no es apostar ni requiere ser un experto en economía ni tener grandes cantidades de dinero para empezar. Es simplemente poner el dinero ahorrado a trabajar en activos que generen rentabilidad a lo largo del tiempo. Y cuando se hace de forma correcta, con conocimiento, paciencia y un horizonte temporal largo, es la herramienta más poderosa que existe para construir patrimonio de forma consistente.
Este artículo es el punto de partida que necesitas si nunca has invertido y quieres entender qué es, cómo funciona y por dónde empezar sin cometer los errores más caros.
Por qué invertir es necesario y no solo opcional
Durante décadas guardar el dinero en el banco fue suficiente para preservar su valor. Los tipos de interés de las cuentas de ahorro eran suficientemente altos como para compensar la inflación y el dinero guardado no perdía poder adquisitivo con el tiempo.
Eso ya no es así. Con tipos de interés en cuentas corrientes del 0,01 por ciento y una inflación que en los últimos años ha superado el 3, el 5 y en algunos momentos el 10 por ciento, el dinero guardado sin rentabilidad pierde valor real de forma acelerada. 10.000 euros guardados en una cuenta sin rentabilidad con una inflación media del 3 por ciento anual valen en términos reales menos de 7.400 euros al cabo de diez años aunque el número en la pantalla siga siendo 10.000.
Invertir no es por tanto solo una forma de hacer crecer el dinero. Es la forma de evitar que el dinero que ya tienes se deprecie lentamente mientras espera ser utilizado.
Los conceptos básicos que todo inversor principiante debe conocer
Antes de invertir un solo euro conviene tener claros algunos conceptos fundamentales que van a aparecer en cualquier conversación sobre inversión.
La rentabilidad es el beneficio que genera una inversión expresado habitualmente como porcentaje del capital invertido. Si inviertes 1.000 euros y al cabo de un año tienes 1.070 euros, la rentabilidad ha sido del 7 por ciento. La rentabilidad puede ser positiva o negativa y varía en función del tipo de activo, del plazo y de las condiciones del mercado.
El riesgo es la posibilidad de que la inversión genere menos rentabilidad de la esperada o incluso de que se pierda parte o todo el capital invertido. En inversión existe una relación directa entre riesgo y rentabilidad potencial: los activos con mayor potencial de rentabilidad tienen también mayor riesgo y los activos más seguros tienen rentabilidades más bajas. No existe una inversión con alta rentabilidad garantizada y bajo riesgo. Cuando alguien ofrece eso es una señal de alarma.
La liquidez es la facilidad con la que se puede convertir una inversión en dinero efectivo sin perder valor. Las acciones cotizadas en bolsa tienen alta liquidez porque se pueden vender en cualquier momento de mercado. Un inmueble tiene baja liquidez porque el proceso de venta puede tardar meses. La liquidez importa porque nunca se sabe cuándo se va a necesitar el dinero invertido.
La diversificación es la distribución del capital invertido entre distintos activos, sectores y geografías para reducir el riesgo. El principio es simple: si tienes todo el dinero invertido en una sola empresa y esa empresa quiebra pierdes todo. Si lo tienes distribuido entre mil empresas de todo el mundo la quiebra de cualquiera de ellas tiene un impacto mínimo en el conjunto.
El horizonte temporal es el tiempo durante el cual se planea mantener la inversión sin necesitar ese dinero. Es uno de los factores más importantes porque determina qué tipos de activos son adecuados para cada situación. Con un horizonte de diez años o más se puede asumir más volatilidad a corto plazo porque hay tiempo suficiente para que el mercado se recupere de las caídas. Con un horizonte de uno o dos años hay que ser mucho más conservador.
Los principales tipos de activos de inversión
No todas las inversiones son iguales. Existen diferentes tipos de activos con características, riesgos y rentabilidades muy distintas.
Las acciones son participaciones en el capital de una empresa. Cuando compras una acción de una empresa te conviertes en propietario de una pequeña parte de esa empresa y participas de sus beneficios y de su crecimiento. Las acciones tienen históricamente la mayor rentabilidad a largo plazo de los activos financieros tradicionales pero también la mayor volatilidad a corto plazo. No son adecuadas para dinero que se puede necesitar en menos de cinco años.
Los bonos son préstamos que los inversores hacen a empresas o gobiernos a cambio de un interés periódico y de la devolución del capital al vencimiento. Son más estables que las acciones pero tienen menor rentabilidad potencial a largo plazo. Son útiles para equilibrar una cartera y reducir su volatilidad general.
Los fondos de inversión son vehículos que agrupan el capital de muchos inversores para invertirlo de forma conjunta en una cartera diversificada de activos. Permiten acceder a diversificación con cantidades pequeñas de capital y delegar la gestión en profesionales. Los hay de muchos tipos según los activos en los que invierten y la estrategia que siguen.
Los fondos indexados son un tipo específico de fondo que replica de forma pasiva la composición de un índice de mercado como el S&P 500 o el MSCI World en vez de intentar superarlo mediante la selección activa de valores. Tienen costes de gestión muy bajos y la evidencia empírica muestra que a largo plazo superan a la mayoría de fondos de gestión activa en rentabilidad neta. Son la opción más recomendada para el inversor particular que empieza.
Los ETFs o fondos cotizados son similares a los fondos indexados pero se compran y venden en bolsa como si fueran acciones, lo que les da mayor flexibilidad y menores costes en algunos casos.
Los inmuebles son una clase de activo alternativa que muchos inversores consideran por su estabilidad relativa, la generación de ingresos por alquiler y el potencial de revalorización a largo plazo. Requieren un capital inicial elevado y tienen menor liquidez que los activos financieros.
Los errores más caros del inversor principiante
Conocer los errores más comunes antes de empezar tiene un valor incalculable porque algunos de esos errores pueden costar años de rentabilidad.
Invertir dinero que se puede necesitar a corto plazo es el primero y más peligroso. Si inviertes tus ahorros en bolsa y el mercado cae un 30 por ciento justo cuando necesitas ese dinero te verás obligado a vender con pérdidas. La inversión en renta variable solo tiene sentido con dinero que no se va a necesitar en al menos cinco años preferiblemente diez o más.
Intentar adivinar el mejor momento para entrar en el mercado es el segundo. Nadie sabe de forma consistente cuándo el mercado está en el punto más bajo ni cuándo está en el punto más alto. Los estudios muestran repetidamente que los inversores que intentan hacer market timing obtienen peores resultados que los que simplemente invierten de forma regular independientemente de las condiciones del mercado.
Vender en pánico cuando el mercado cae es el tercero y el que más dinero destruye. Las caídas de mercado son inevitables, temporales y en retrospectiva siempre han resultado ser oportunidades de compra para quien tuvo la disciplina de no vender. Quien vendió en el mínimo de la crisis de 2008 o de la caída de 2020 y esperó a que el mercado se recuperara para volver a comprar obtuvo peores resultados que quien simplemente no hizo nada.
Concentrar todo el capital en un solo activo o en muy pocos activos es el cuarto. La diversificación no es solo una recomendación teórica. Es la única forma de protegerse contra el riesgo de que una empresa, un sector o un mercado concreto lo haga muy mal durante un periodo prolongado.
Invertir en productos que no se entienden es el quinto. Si no puedes explicar con palabras simples en qué estás invirtiendo, cómo genera rentabilidad y cuáles son sus riesgos, no deberías estar invertido en eso. La complejidad de un producto financiero nunca es una señal de sofisticación. A menudo es una señal de que alguien está cobrando comisiones que no merecen.
Por dónde empezar de forma concreta
Con toda la teoría clara llega la pregunta práctica. ¿Qué hago exactamente si quiero empezar a invertir esta semana?
El primer paso es asegurarse de que las bases están cubiertas. Fondo de emergencia de al menos tres meses de gastos en una cuenta líquida, deudas de alto coste eliminadas y un presupuesto mensual que genera un margen positivo consistente. Sin esas bases la inversión no tiene sentido porque cualquier imprevisto puede obligar a deshacer la inversión en el peor momento.
El segundo paso es decidir cuánto dinero vas a destinar a la inversión de forma mensual. Una cantidad que puedas mantener de forma consistente durante años sin que su ausencia afecte a tu vida cotidiana. Puede ser 50 euros, puede ser 200, puede ser 500. Lo importante es la consistencia y no la cantidad inicial.
El tercer paso es elegir una plataforma de inversión. En España hay varias opciones para el inversor particular. Los roboadvisors como Indexa Capital o MyInvestor ofrecen carteras de fondos indexados diversificadas globalmente con comisiones bajas y gestión automatizada, lo que los convierte en la opción más sencilla para quien empieza. Los brokers online como Interactive Brokers o DEGIRO permiten comprar directamente ETFs con comisiones muy bajas para quien prefiere gestionar su propia cartera.
El cuarto paso es configurar una aportación automática mensual y no tocarla. Olvidarte de lo que hace el mercado en el corto plazo. No revisar la cartera más de una vez al trimestre. Y mantener el rumbo durante años aunque haya periodos en los que el valor de la inversión baje temporalmente.
La regla de oro del inversor principiante
Si hay una sola cosa que llevarse de este artículo es esta: empieza pronto, empieza con lo que puedas y no pares.
La perfección es el enemigo del comienzo en inversión igual que en todo lo demás. No hace falta elegir el producto perfecto, la plataforma perfecta ni el momento perfecto para empezar. Hace falta empezar. Cada mes que pasa sin invertir es un mes de interés compuesto que no se recupera.
Un inversor con una estrategia mediocre que empieza a los 25 años casi siempre llega a los 65 en mejor situación que un inversor con una estrategia brillante que empieza a los 40. El tiempo es el único factor que no se puede compensar con nada más.
Invertir no es difícil. Lo que es difícil es mantener la calma cuando el mercado cae, ignorar el ruido informativo que te dice que hagas algo y tener la paciencia para dejar que el tiempo haga su trabajo. Esas habilidades no son intelectuales. Son emocionales. Y se desarrollan con el tiempo, con la experiencia y con el conocimiento de que la estrategia que estás siguiendo tiene un fundamento sólido.
¿Quieres seguir aprendiendo sobre inversión? Descubre las diferencias entre acciones y ETFs para decidir cuál encaja mejor contigo o aprende cuáles son los errores más comunes de los inversores novatos.


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