Cómo proteger tu cartera en tiempos de incertidumbre económica

Cómo proteger tu cartera en tiempos de incertidumbre económica

La incertidumbre económica no es una anomalía. Es el estado natural de los mercados financieros. Siempre hay algo que preocupa: una guerra, una recesión en el horizonte, una crisis bancaria, una pandemia, una inflación desbocada, un banco central que sube tipos más de lo esperado o una burbuja que parece a punto de explotar. Si un inversor esperara a que no hubiera incertidumbre para invertir nunca invertiría porque ese momento no llega nunca.

Lo que sí cambia de un periodo a otro es la intensidad de esa incertidumbre y la naturaleza de los riesgos concretos que la generan. Hay momentos en los que el entorno es especialmente complejo y en los que la probabilidad de volatilidad elevada es mayor de lo habitual. En esos momentos no se trata de abandonar la estrategia de largo plazo sino de asegurarse de que la cartera está construida de forma que pueda absorber los golpes sin que el inversor se vea forzado a tomar decisiones malas en los peores momentos.

Proteger la cartera no significa eliminar el riesgo. Significa gestionarlo de forma inteligente para que la volatilidad inevitable del corto plazo no comprometa los objetivos del largo plazo.


El primer nivel de protección: la estructura básica de la cartera

Antes de hablar de estrategias específicas de protección conviene recordar que la mejor defensa contra la incertidumbre económica no se construye cuando la tormenta ya está encima sino antes de que llegue. Y esa defensa empieza con una estructura básica de cartera bien diseñada.

Una cartera que tiene el nivel de riesgo adecuado para el horizonte temporal del inversor, que está suficientemente diversificada entre activos, sectores y geografías y que no incluye posiciones concentradas en activos que el inversor no entiende bien está estructuralmente preparada para absorber periodos de turbulencia sin necesidad de intervención táctica de urgencia.

El problema más común que se ve en momentos de incertidumbre elevada no es que los inversores tengan la estrategia equivocada sino que tienen más riesgo en la cartera del que pueden tolerar psicológicamente cuando ese riesgo se materializa en pérdidas temporales reales. Un inversor que tiene el 100 por ciento de su cartera en renta variable y ve que baja un 35 por ciento en pocas semanas puede tomar la peor decisión posible, vender todo para parar el dolor, aunque racionalmente sepa que debería mantener. La tolerancia al riesgo real no se conoce hasta que las pérdidas son reales.


Revisar la asignación de activos y reequilibrar si es necesario

La asignación estratégica de activos es la decisión más importante de cualquier cartera de inversión. Determina qué porcentaje del patrimonio está en renta variable, qué porcentaje en renta fija, qué porcentaje en activos alternativos y qué porcentaje en liquidez. Esa asignación debería reflejar el horizonte temporal del inversor, su tolerancia real al riesgo y sus necesidades de liquidez a corto y medio plazo.

En periodos de mercados alcistas prolongados como el que hemos vivido en los últimos años la asignación de activos tiende a desviarse de la estratégica porque la renta variable crece más rápido que el resto de activos y su peso en la cartera aumenta de forma pasiva. Un inversor que empezó con una asignación del 70 por ciento en renta variable puede encontrarse con que esa asignación ha subido al 85 o al 90 por ciento sin haber tomado ninguna decisión activa.

Reequilibrar la cartera periódicamente para volver a la asignación estratégica es una práctica que en tiempos de incertidumbre tiene un doble beneficio. Por un lado reduce el riesgo de cartera vendiendo activos que han subido mucho y comprando los que han quedado rezagados. Por otro lado obliga a vender caro y comprar barato de forma sistemática, que es exactamente lo opuesto de lo que hace el comportamiento emocional típico del inversor bajo presión.


Aumentar la liquidez de forma táctica

En tiempos de incertidumbre elevada tener algo más de liquidez de lo habitual en la cartera tiene sentido por varias razones que van más allá de la seguridad psicológica.

La liquidez permite aprovechar las oportunidades que la volatilidad inevitablemente crea. Cuando los mercados caen de forma generalizada por pánico o por razones macroeconómicas los activos de calidad caen junto con los de menor calidad, lo que crea oportunidades de compra a precios más atractivos que los que existían antes de la corrección. El inversor con liquidez disponible puede aprovesar esas oportunidades. El inversor que está completamente invertido solo puede observarlas.

La liquidez también elimina la necesidad de vender en mal momento. Si ocurre un imprevisto personal o si surge una necesidad de fondos inesperada durante un periodo de mercados bajistas el inversor con liquidez puede afrontarla sin tocar la cartera de largo plazo. El inversor sin liquidez puede verse forzado a vender activos en el peor momento posible.

El nivel de liquidez adicional táctica no debería ser tan alto como para reducir significativamente la rentabilidad esperada a largo plazo. Entre el 5 y el 15 por ciento del patrimonio total en instrumentos líquidos de bajo riesgo como fondos monetarios o letras del tesoro suele ser un rango razonable dependiendo de la intensidad de la incertidumbre percibida y de la situación personal del inversor.


La renta fija de calidad como amortiguador

Durante décadas la renta fija de alta calidad, principalmente bonos gubernamentales de países desarrollados, ha funcionado como el amortiguador natural de la volatilidad de la renta variable en una cartera diversificada. Cuando la renta variable cae por miedo a una recesión o por una crisis financiera los inversores tienden a buscar refugio en activos seguros como los bonos gubernamentales, lo que hace que su precio suba compensando parcialmente las pérdidas en la parte de renta variable.

Esta correlación negativa entre renta variable y renta fija de calidad no funciona perfectamente en todos los entornos. En periodos de inflación elevada como el de 2022 tanto la renta variable como la renta fija caen simultáneamente porque los tipos de interés suben para combatir la inflación y eso afecta negativamente a ambas clases de activos. Pero en entornos de recesión o de crisis financiera la correlación negativa tiende a recuperarse y los bonos de calidad cumplen su función amortiguadora.

Para el inversor que quiere reducir la volatilidad de su cartera en tiempos de incertidumbre sin salirse completamente de los mercados, incrementar moderadamente la posición en renta fija de alta calidad y corto plazo a costa de algo de renta variable es una forma razonable de reducir el riesgo sin abandonar la estrategia de largo plazo.


Activos refugio: el oro y su papel en la cartera

El oro tiene una relación con la incertidumbre económica que dura milenios. En tiempos de crisis financieras, de inflación elevada, de tensiones geopolíticas graves o de pérdida de confianza en las monedas fiduciarias el oro tiende a comportarse como un activo refugio que mantiene o aumenta su valor cuando otros activos caen.

No es un activo de crecimiento a largo plazo en el sentido en que lo es la renta variable. El oro no genera dividendos, no tiene flujos de caja y su rentabilidad a largo plazo en términos reales ha sido modesta comparada con la renta variable global. Pero como componente de una cartera diversificada su baja correlación con otros activos y su comportamiento en escenarios de crisis le da un valor de diversificación que va más allá de su rentabilidad individual.

Una asignación del 5 al 10 por ciento de la cartera en oro a través de ETFs respaldados físicamente como el iShares Physical Gold o el WisdomTree Physical Gold es una forma eficiente de añadir este componente de protección sin los inconvenientes del oro físico en términos de custodia y liquidez.


Evitar las reacciones emocionales: el mayor riesgo en tiempos de incertidumbre

Hemos mencionado este punto en varios artículos anteriores pero en el contexto específico de la protección de cartera en tiempos de incertidumbre merece un análisis más detallado porque es donde se pierden más dinero los inversores particulares.

Los mercados en periodos de alta incertidumbre generan un ciclo emocional muy predecible. Al inicio de una caída el inversor tiende a minimizar el problema y a esperar que se recupere rápidamente. A medida que la caída se prolonga aparece la ansiedad y la duda sobre si esta vez es diferente. Cuando la caída alcanza su punto más profundo el miedo es máximo, las narrativas catastrofistas dominan los medios y la tentación de vender todo para parar el dolor es prácticamente irresistible. Y justo en ese momento, cuando el sentimiento es más negativo, suele producirse el giro del mercado.

El inversor que vende en ese punto máximo de miedo no solo materializa las pérdidas del periodo bajista sino que además se queda fuera del mercado durante la recuperación, que históricamente ha sido tan rápida como la caída o más. El resultado es que termina con menos dinero que si hubiera hecho absolutamente nada durante todo el periodo.

Las estrategias más efectivas para protegerse de este patrón son varias y se complementan entre sí. Tener un plan de inversión escrito con la asignación estratégica y los criterios para reequilibrar elimina la necesidad de tomar decisiones en momentos de estrés. Reducir la frecuencia con la que se revisa la cartera durante periodos de alta volatilidad reduce la exposición al dolor emocional de las pérdidas temporales. Y recordar de forma deliberada los periodos anteriores de alta incertidumbre, el crash de 2008, la caída de 2020, las crisis de 2011 y 2015, y cómo el mercado se recuperó en todos los casos, da perspectiva histórica que contrarresta la narrativa del fin del mundo que siempre acompaña a los peores momentos del mercado.


Diversificación geográfica y de divisas como protección estructural

En tiempos de incertidumbre que tienen una dimensión geopolítica importante, como conflictos regionales, tensiones entre grandes potencias o crisis de deuda soberana en economías relevantes, la diversificación geográfica actúa como protección natural.

Una cartera concentrada en un solo país o en una sola región está expuesta al riesgo específico de esa economía de forma total. Una cartera distribuida entre Estados Unidos, Europa, Asia y mercados emergentes tiene su riesgo geopolítico diversificado de forma que la crisis de cualquier región tiene un impacto limitado en el conjunto.

La diversificación de divisas que viene implícita con la diversificación geográfica también actúa como protección en determinados escenarios. Si el euro se deprecia significativamente los activos denominados en dólares, libras o yenes se revalorizan en términos de euros para el inversor europeo, compensando parcialmente las pérdidas en otros activos.


Lo que nunca hay que hacer en tiempos de incertidumbre

Terminar con lo que no hay que hacer es tan importante como lo que sí hay que hacer porque los errores en tiempos de incertidumbre tienden a ser irreversibles.

No hay que vender todo para esperar a que pase la tormenta porque nadie sabe cuándo pasa y el coste de perderse la recuperación inicial es enorme. No hay que concentrar la cartera en las inversiones que parecen más seguras en el momento porque los activos percibidos como más seguros en el punto de máximo miedo suelen estar sobrevalorados y tienen poco potencial de subida. No hay que apalancar la cartera con deuda para aprovechar las caídas porque la volatilidad puede ser mayor y más duradera de lo esperado y el apalancamiento amplifica las pérdidas igual que amplifica las ganancias. Y no hay que tomar decisiones financieras importantes mientras se está en un estado emocional de miedo o de euforia porque esos son los estados en los que las decisiones son sistemáticamente peores.


Proteger la cartera en tiempos de incertidumbre no es un ejercicio de adivinar el futuro. Es un ejercicio de construir una estructura robusta que pueda sobrevivir a múltiples escenarios sin requerir decisiones perfectas en los momentos más difíciles. Una cartera bien diversificada, con el nivel de riesgo adecuado para el horizonte temporal del inversor y con suficiente liquidez para afrontar imprevistos personales es la mejor protección disponible contra cualquier incertidumbre que el futuro pueda traer.

La incertidumbre no desaparecerá. Pero con la estructura correcta no tiene por qué ser un problema.

¿Quieres continuar con los artículos de créditos, deudas e hipotecas? Son los que tienen el RPM más alto de toda tu lista junto con los de inversión. Dime y seguimos.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *