Diversificación de cartera: qué es y por qué es importante

Diversificación de cartera: qué es y por qué es importante

Si tuvieras que resumir en una sola frase el principio más importante de la inversión inteligente podría ser este: no pongas todos los huevos en la misma cesta. Es un refrán tan antiguo como el comercio humano y tan vigente hoy en los mercados financieros como lo era cuando se aplicaba literalmente a los mercaderes que repartían su mercancía entre varios barcos para que el naufragio de uno no significara la ruina total.

La diversificación de cartera es la aplicación sistemática de ese principio al mundo de la inversión. Es la estrategia que permite participar del crecimiento de los mercados financieros a largo plazo minimizando el riesgo de que un evento específico, la quiebra de una empresa, la crisis de un sector o la recesión de un país, destruya de forma permanente una parte importante del patrimonio invertido.

No es una estrategia para cobardes ni para inversores sin convicción. Es la estrategia que utilizan desde los mayores fondos de inversión del mundo hasta el inversor particular más sofisticado porque los datos muestran de forma consistente que produce los mejores resultados ajustados al riesgo a largo plazo para la inmensa mayoría de situaciones.


Qué significa exactamente diversificar

Diversificar no es simplemente comprar varias cosas distintas. Es distribuir el capital entre activos que no se mueven todos en la misma dirección al mismo tiempo, lo que en términos técnicos se llama activos con baja correlación entre sí.

Si tienes diez acciones de empresas del sector bancario español no estás diversificado aunque tengas diez posiciones diferentes. Cuando el sector bancario español lo pasa mal todas van a bajar al mismo tiempo porque responden a los mismos factores macroeconómicos. Eso es concentración disfrazada de diversificación.

La diversificación real implica distribuir entre diferentes empresas, diferentes sectores de actividad, diferentes geografías y potencialmente diferentes clases de activos como renta variable, renta fija, inmuebles o materias primas. Cuanto menor es la correlación entre los activos de la cartera más efectiva es la diversificación porque cuando unos bajan otros pueden mantenerse estables o incluso subir.


El riesgo que la diversificación elimina y el que no puede eliminar

En teoría financiera el riesgo total de una cartera se divide en dos componentes que tienen naturalezas muy diferentes y que responden de forma distinta a la diversificación.

El riesgo específico o no sistemático es el riesgo asociado a una empresa o un sector concreto. La posibilidad de que una empresa quiebre, de que un directivo cometa un fraude, de que un producto falle, de que un competidor arrase con la cuota de mercado. Este tipo de riesgo es completamente eliminable mediante la diversificación. Si tienes una sola acción y esa empresa quiebra pierdes todo. Si tienes mil empresas y una quiebra el impacto es del 0,1 por ciento.

El riesgo sistémico o de mercado es el riesgo que afecta a todos los activos simultáneamente y que no se puede eliminar por mucho que se diversifique. Las recesiones económicas globales, las crisis financieras sistémicas, las pandemias, los conflictos geopolíticos de gran escala. Cuando ocurre algo que afecta a toda la economía global la mayoría de activos baja al mismo tiempo independientemente de lo bien diversificada que esté la cartera.

La diversificación elimina el riesgo específico y lo hace de forma muy eficiente con relativamente pocas posiciones. Los estudios académicos muestran que con veinte o treinta acciones bien distribuidas entre sectores distintos se elimina aproximadamente el 90 por ciento del riesgo específico. A partir de ahí añadir más posiciones tiene un impacto marginal decreciente en la reducción del riesgo. Con un ETF global que contiene mil quinientas empresas el riesgo específico es prácticamente cero.


Los niveles de diversificación: de menos a más completa

La diversificación no es un estado binario de todo o nada. Es un espectro con diferentes niveles de completitud que tienen distintos grados de protección frente al riesgo específico.

El nivel más básico es la diversificación dentro de una empresa, que consiste simplemente en no concentrar todo el capital en una sola acción. Con cinco acciones ya se elimina una parte significativa del riesgo específico comparado con tener solo una.

El siguiente nivel es la diversificación sectorial, que distribuye el capital entre empresas de diferentes sectores de actividad. Tecnología, salud, finanzas, energía, consumo, industria, telecomunicaciones. Cuando el sector tecnológico entra en corrección las empresas de consumo básico o de salud pueden mantenerse relativamente estables porque responden a dinámicas económicas diferentes.

El siguiente nivel es la diversificación geográfica, que distribuye el capital entre empresas de diferentes países y regiones del mundo. Las economías nacionales no se mueven exactamente en sincronía. Una recesión en Europa no necesariamente implica recesión simultánea en Asia. Una crisis política en un país emergente no necesariamente arrastra a los mercados desarrollados. Al distribuir el capital globalmente se reduce la exposición a los riesgos específicos de cualquier economía nacional.

El nivel más avanzado es la diversificación entre clases de activos, que distribuye el capital entre renta variable, renta fija, inmuebles, materias primas u otros activos alternativos. Las diferentes clases de activos responden de forma diferente a los distintos ciclos económicos y a los distintos entornos de tipos de interés e inflación. Una cartera que incluye tanto renta variable como renta fija de calidad tiende a tener menos volatilidad que una cartera de solo renta variable aunque también suele tener menor rentabilidad esperada a largo plazo.


La diversificación en la práctica: cómo implementarla

Para el inversor particular la forma más sencilla y más eficiente de conseguir una diversificación completa es a través de fondos indexados o ETFs que replican índices globales amplios.

Un único ETF que replica el MSCI World proporciona diversificación instantánea entre más de 1.500 empresas de 23 países desarrollados distribuidas en todos los sectores relevantes de la economía global. El índice está ponderado por capitalización bursátil, lo que significa que las empresas más grandes tienen más peso pero ninguna tiene un peso tan grande como para que sus movimientos individuales tengan un impacto significativo en el conjunto.

Para quien quiere ir un paso más allá y añadir exposición a mercados emergentes el MSCI ACWI amplía esa cobertura a más de 2.800 empresas de 47 países incluyendo China, India, Brasil, Corea del Sur y otros mercados en desarrollo. Con un solo fondo se obtiene exposición a prácticamente toda la economía productiva global.

Para quien quiere añadir la dimensión de diversificación entre clases de activos la combinación más clásica es una parte en renta variable global y otra en bonos de alta calidad. La proporción tradicional es 60 por ciento renta variable y 40 por ciento renta fija aunque las proporciones correctas dependen del horizonte temporal y la tolerancia al riesgo de cada inversor. Con horizontes muy largos de veinte años o más el porcentaje de renta variable puede ser más alto porque hay tiempo suficiente para recuperarse de las caídas.


Los errores más comunes al diversificar

El primero y más habitual es la diversificación ilusoria que ya mencionamos anteriormente. Tener muchas posiciones que en realidad están muy correlacionadas entre sí no es diversificación efectiva. Veinte fondos de renta variable europeos, diez acciones del Ibex 35 o una combinación de varios fondos de gestión activa que invierten en los mismos mercados no producen la reducción de riesgo que se espera porque todos se mueven en la misma dirección cuando el mercado europeo cae.

El segundo error es la sobre diversificación, que ocurre cuando se añaden tantos activos y posiciones que la cartera se vuelve inmanejable y los costes de gestión se disparan sin que el riesgo se reduzca proporcionalmente. Tener veinte ETFs diferentes cuando tres o cuatro bien elegidos cubrirían prácticamente lo mismo no añade valor real y complica innecesariamente el seguimiento y la gestión.

El tercer error es diversificar en geografías pero no en divisas de forma intencionada. Cuando se invierte en activos denominados en dólares, libras o yenes desde una base en euros existe un riesgo de tipo de cambio que puede añadir volatilidad a la cartera en el corto plazo aunque a largo plazo tiende a diluirse. No es necesariamente un error tener exposición a divisas extranjeras pero conviene ser consciente de que existe.

El cuarto error es diversificar en el número de posiciones pero no en el tiempo de entrada. Invertir todo el capital disponible de una sola vez en un único momento expone la cartera al riesgo de que ese momento resulte ser el máximo de un ciclo. La diversificación temporal que se consigue con las aportaciones periódicas mensuales es tan importante como la diversificación entre activos.


Por qué la diversificación es especialmente importante para el inversor principiante

El inversor principiante tiene dos características que hacen de la diversificación una necesidad más que una recomendación. La primera es que todavía no tiene la experiencia suficiente para identificar con fiabilidad las empresas o los activos que van a comportarse mejor en el futuro. Sin esa habilidad la concentración en pocos activos es simplemente una apuesta sin ventaja informativa. La segunda es que una pérdida importante al principio del camino inversor puede generar una aversión psicológica a la inversión que dura años o décadas y que tiene un coste en rentabilidad perdida que es difícil de cuantificar pero muy real.

Un inversor principiante que pierde el 60 por ciento de sus primeros ahorros invertidos en una empresa que quiebra probablemente no vuelve a invertir durante años aunque la estrategia correcta habría sido redistribuir el capital en una cartera diversificada y continuar. La diversificación protege no solo el patrimonio sino también la psicología inversora que permite mantener la estrategia durante el tiempo suficiente para que produzca resultados.


La frase que resume todo

Harry Markowitz, el economista que desarrolló la teoría moderna de cartera y ganó el Premio Nobel de Economía en 1990 precisamente por su trabajo sobre diversificación, dijo algo que sintetiza perfectamente la esencia del concepto. La diversificación es el único almuerzo gratis de las finanzas.

Es el único almuerzo gratis porque reduce el riesgo sin reducir necesariamente la rentabilidad esperada. Todas las demás formas de mejorar la rentabilidad implican asumir más riesgo. La diversificación es la excepción. Distribuir el capital de forma inteligente entre activos poco correlacionados produce una cartera con menor riesgo que cualquiera de sus componentes individuales sin sacrificar la rentabilidad esperada del conjunto.

Ese es el motivo por el que la diversificación no es una opción entre otras para el inversor inteligente. Es la base sobre la que se construye cualquier estrategia de inversión sensata independientemente del nivel de experiencia, del tamaño del patrimonio o del horizonte temporal.

¿Quieres seguir aprendiendo? Descubre cómo analizar una acción antes de invertir o aprende en qué consiste la inversión pasiva frente a la activa y cuál te conviene más.


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